LA INVENTA DE MOREL
Oji, en esta isola, un miracle…La plantas de la isola…A du veses analoja…En la rocas on ave un fem…Tra des ‑sinco dias…Aora, la fem con la tela de testa…Lo ia es, denova, como si…Tota lo cual me ia scrive…Cuando me ia vide ce la colina…Me ia mostra me…Me teni un dato…Esta es un enferno…”Te per du” e ”Valensia”…Asta asi, un parla…Cuando me ia ariva a la teras basa…Me ia vinse mea repulsa…Cuando me va calmi…Prima, me ia funsiona la resetadores…Me vole esplica a me…

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Lo ia es, denova, como si ela no vide me. Me no ia fa un otra era ca mudi e permete ce la silentia recovre.

Ha sido, otra vez, como si no me hubiera visto. No cometí otro error que el de permanecer callado y dejar que se restableciera el silencio.

Cuando la fem ia ariva a la rocas, me ia es regardante la sol reposante. El ia es nonmovente, xercante un loca per estende la covreleto. A pos, el ia pasea a me. Estendente la braso, me ia ta pote toca el. Esta posiblia ia terori me (como si me ia es en la peril de toca un fantasma). En sua modo de iniora me, lo ia ave alga cosa asustante. An tal, cuando el ia senta a lado de me, el ia es defiante me e, en alga modo, ia es concluinte esta iniora.

Cuando la mujer llegó a las rocas, yo miraba el poniente. Estuvo inmóvil, buscando un sitio para extender la manta. Después caminó hacia mí. Con estirar el brazo, la hubiera tocado. Esta posibilidad me horrorizó (como si hubiera estado en peligro de tocar un fantasma). En su prescindencia de mí había algo espantoso. Sin embargo, al sentarse a mi lado me desafiaba y, en cierto modo, ponía fin a esa prescindencia.

El ia estrae un libro de la bolsa e ia comensa leje. Me ia profita de la sesa per calmi.

Sacó un libro del bolso y estuvo leyendo. Aproveché la tregua, para serenarme.

A pos, cuando me ia vide ce el lasa la libro, leva la regarda, me ia pensa: « El prepara un parla con me. » Esta cosa no ia aveni. La silentia ia es aumentante, nonevitable. Me ia comprende la era grave de no interompe lo. Ma, sin ostina, sin motiva, me ia resta silente.

Después, cuando la vi dejar el libro, levantar la mirada, pensé: « Prepara una interpelación» . Esta no se produjo. El silencio aumentaba, ineludible. Comprendí la gravedad de no interrumpirlo; pero, sin obstinación, sin motivo, permanecí callado.

Nun de sua acompaniores ia veni xerca me. Cisa, ela no ia parla a los de me; cisa mea conose de la isola ansia los (par causa de esta, la fem ta reveni a cada dia, finjente un episodio amosa). Me desfida. Me ia es preparada per surprende la conspira la plu silente.

Ninguno de sus compañeros ha venido a buscarme. Tal vez no les hay a hablado de mí; tal vez les inquiete mi conocimiento de la isla (por eso la mujer vuelve diariamente, simulando un episodio sentimental). Desconfío. Estoy listo para sorprender la conspiración más silenciosa.

Me ia descovre en me un propensa a previde la mal resultas, sola. Lo ia formi en la tre o cuatro anios ultima; lo no es acaso; lo no disturba. La reveni de la fem, la contata cual el ia xerca, tota esta pare indica un cambia tro felis per es imajinada… Cisa me oblida mea barba, mea anios, la polisia cual ia persegue me tan, cual ancora ta es xercante me, con ostina, como un maldise eficas. Me no debe dona a me esperas. Me scrive esta, e un idea veni a me, un idea cual es un espera. Me crede ce me no ia insulta la fem, ma cisa lo ta es oportun ce me remedia lo. Cual cosa un om debe fa en acel caso? Envia flores. Lo es un projeta riable… ma la cosas mediocre, cuando los es umil, ave un impero sur la cor. En la isola, on ave multe flores. Cuando me ia ariva, lo ia resta alga fondos de flores sirca la pisina e la museo. Serta me ta pote fa un jardineta en la pasto a la borda de la rocas. Cisa, la natur es usada per ateni la intimia de un fem. Cisa lo va es usosa, afin me conclui con la silentia e la cautia. Lo va es mea suporta poesial ultima. Me no ia combina ja colores; de la arte de depinta, me comprende cuasi no cosa. Me fida, an tal, ce me ta pote fa un labora modesta cual ta indica un gusta per jardina.

He descubierto en mí una inclinación a prever las consecuencias malas, exclusivamente. Se ha formado en los últimos tres o cuatro años; no es casual; no molesta. Que la mujer vuelva, la proximidad que buscó, todo parece indicar un cambio demasiado feliz para que pueda imaginarlo… Quizá yo olvide mi barba, mis años, la policía que me ha perseguido tanto, que todavía estará buscándome, obstinada, como una maldición eficaz. No debo darme esperanzas. Escribo esto y se me ocurre una idea que es una esperanza. No creo haber insultado a la mujer, pero tal vez fuera oportuno desagraviarla. ¿Qué hace un hombre en estas ocasiones? Envía flores. Éste es un proyecto ridículo… pero las cursilerías, cuando son humildes, tienen todo el gobierno del corazón. En la isla hay muchas flores. A mi llegada quedaban algunos macizos alrededor de la pileta y del museo. Seguramente, podré hacer un jardincito en el pasto que bordea las rocas. Tal vez sirva la naturaleza para lograr la intimidad de una mujer. Tal vez me sirva para acabar con el silencio y la cautela. Será éste mi último recurso poético. Yo no he combinado colores; de pintura no entiendo casi nada… Confío, sinembargo, en poder hacer un trabajo modesto, que denote afición a la jardinería.

Me ia leva a la madrugada. Me ia senti ce la merita de mea sacrifia sufisi per reali la labora.

Me levanté a la madrugada. Sentía que el mérito de mi sacrificio bastaba para cumplir el trabajo.

Me ia vide la flores (los abunda en la parte basa de la fosones). Me ia aranca los cual pare a me min fea. An los de color nonclar ave un vivosia cuasi animal. Pos un momento, me ia regarda los per ordina los, car los no ia cabe ja su la braso: los ia es mor.

Vi las flores (abundan en la parte baja de las barrancas). Arranqué las que me parecieron menos desagradables. Aun las de colores vagos tienen una vitalidad casi animal. Después de un rato las miré, para ordenarlas, porque ya no me cabían debajo del brazo: estaban muertas.

Me ia vade a renunsia mea projeta, ma me ia recorda ce plu a supra, en vista de la museo, on ave un otra loca con multe flores… Considerante ce lo ia es temprana, me ia opina ce lo no va es riscada si me va vade per vide los. La intruores ia es dorminte, sin duta. La flores es corta e ru. Me ia talia algas. Los no ia ave esta urjentia monstrin de mori.

Iba a renunciar a mi proyecto, pero recordé que algo más arriba, a la vista del museo, hay otro lugar con muchas flores… Como era temprano, me pareció que no había riesgo en ir a verlas. Los intrusos dormían, seguramente. Son diminutas y ásperas. Corté unas cuantas. No tienen esa monstruosa urgencia en morirse.

Sua defetos: sua cortia e la fato de es en vista de la museo.

Sus inconvenientes: el tamaño y estar a la vista del museo.

Me ia pasa cuasi tota la matina, riscante ce me es descovreda par cualce person ci ta leva corajosa ante la ora des. Lo ia pare a me ce un esije tan umil de la destina no ia reali. Tra mea labora de colie la flores, me ia vijila la museo e me no ia vide nun de sua ocupantes; esta ia permete a me suposa ce ance los no ia vide me.

He pasado casi toda la mañana exponiéndome a ser descubierto por cualquier persona que hubiera tenido el coraje de levantarse antes de las diez. Me parece que tan modesto requisito de la calamidad no se cumplió. Durante mi trabajo de juntar las flores he vigilado el museo y no he visto a ninguno de sus ocupantes; esto me permite suponer que tampoco me vieron a mí.

La flores es multe peti. Me va nesesa planta miles e miles si me vole un jardineta pico (lo ta es plu bela, e plu fasil de fa; ma on pote teme ce la fem no vide lo).

Las flores son muy chicas. Tendré que plantar miles y miles si no quiero un jardincito ínfimo (sería más lindo, y más fácil de hacer; pero existe el peligro de que la mujer no lo vea).

Me ia aplica me a prepara la cuadros, a rompe la tera (lo es dur, la surfases planida es multe vasta), a versa alga acua de pluve. Cuando la tera va es preparada ja, me ta debe xerca plu flores. Me va fa tota lo cual me pote fa afin los no surprende me, supra tota afin los no interompe mea labora o vide lo ante ce lo es completida. Me ia oblida ce la transplantas es regulada par esijes cosmal. Me no pote crede ce pos un tal peril, un tal fatiga, la flores no ariva vivente asta la reposa de sol.

Me apliqué a preparar los canteros, a romper la tierra (está dura, las superficies planeadas son muy vastas), a regar con agua llovida. Cuando hay a acabado de preparar la tierra, tendré que buscar más flores. Haré lo posible para que no me sorprendan, sobre todo para que no interrumpan el trabajo, o lo vean antes de que esté listo. He olvidado que para los movimientos de plantas hay exigencias cósmicas. No puedo creer que después de tanto peligro, de tanto cansancio, las flores no lleguen vivas hasta la puesta del sol.

Me fali estetica per la jardines; de cualce modo, entre la teras erbosa e la boscetas de palia, la labora va es emosiante. Lo va es un falsia, evidente; longo mea desinia, oji a la sera, lo va es un jardin refinada; a doman, sin duta, lo va es mor o sin flores (si lo venta).

Carezco de estética para jardines; de cualquier manera, entre los pastizales y las matas de paja, el trabajo resultará con movedor. Será un fraude, naturalmente; de acuerdo con mi plan, hoy a la tarde será un jardín cuidado; mañana tal vez esté muerto o sin flores (si hay viento).

Me vergonia pico, reportante mea projeta. Un fem vera grande, sentante, regardante la sol reposante, con la manos unida sur un jeno; un om vera peti, fada par folias, ajenada a fronte de la fem (su esta personaje me va pone la parola « Me », entre brasetas). On va ave esta enscrive:

Me avergüenza un poco declarar mi proyecto. Una inmensa mujer sentada, mirando el poniente, con las manos unidas sobre una rodilla; un hombre exiguo, hecho de hojas, arrodillado frente a la mujer (debajo de este person pondré la palabra « yo » entre paréntesis). Habrá esta inscripción:

Suprema, no distante no misteriosa,
Con la silentia vivente de la rosa.

Sublime, no lejana y misteriosa,
con el silencio vivo de la rosa.

Mea fatiga es cuasi un maladia. Me ave a dispone la fortuna de reposa su la arbores asta la ora ses pos mediadia. Me va pospone lo. La razona de esta nesesa de scrive es en la nervosia. La escusa es ce aora mea atas gida me a un de mea tre futures posible: la acompania de la fem, la solitaria (per dise la mori en cual me ia pasa la anios ultima, nonposible pos ce me ia contempla la fem), la judi orible. Cual de estas? Sabe lo puntual es difisil. An tal, la scrive e la leje de esta reporta pote aida me per esta previde tan usosa; cisa ance lo va permete ce me coopera per produi un futur conveninte.

Mi cansancio es, casi, una enfermedad. Tengo a mano el cielo de acostarme debajo de los árboles hasta las seis de la tarde. Lo postergaré. La razón de esta necesidad de escribir ha de estar en los nervios. El pretexto es que ahora mis actos me llevan a uno de mis tres porvenires: la compañía de la mujer, la soledad (o sea la muerte en que pasé los últimos años, imposible después de haber contemplado a la mujer), la horrorosa justicia. ¿A cuál? Saberlo con tiempo es difícil. Sin embargo, la redacción y la lectura de estas memorias pueden ayudarme a esa previsión tan útil; quizá también me permitan cooperar en la producción del futuro conveniente.

Me ia labora como un esecutor merveliosa; la obra sorti de cada relata con la moves cual ia fa lo. Cisa la majia depende de esta: on ia debe aplica se a la partes, a la difisilia de planta cada flor e alinia lo con la presedente. De la labora, on no ia pote previde la obra concluida; lo ta es un desordina juntada de flores o un fem, nondistinguable.

He trabajado como un ejecutante prodigioso; la obra sale de toda relación con los movimientos que la hicieron. Tal vez la magia dependa de esto: había que aplicarse a las partes, a la dificultad de plantar cada flor y alinearla con la precedente. Desde el trabajo no podía preverse la obra concluida; sería un desordenado conjunto de flores o una mujer, indistintamente.

An tal, la obra no pare improvisada; lo sasia par sua belia. Me no ia pote reali mea projeta. En la imajina, un fem sentante, con la manos juntada sur un jeno, lo no custa multe plu ca un fem stante; fada par flores, la prima es cuasi nonposible. La fem fasa, con la pedes e la testa a profil, regardante un reposa de sol. La fas e un tela de flores violeta forma la testa. La pel no es bon. Me no ia pote ateni esta color sombre cual repulsa me e cual atrae me. La veste es fada par flores azul; lo ave bordas blanca. La sol es fada par alga eliantos strana cual on ave asi. La mar, par la mesma flores como la veste. Me sta a profil, ajenante. Me es vera peti (un tri de la mesura de la fem) e verde, fada par folias.

Sin embargo, la obra no parece improvisada; es de una satisfactoria pulcritud. No pude cumplir mi proyecto. Imaginativamente no cuesta más una mujer sentada, con las manos enlazadas sobre una rodilla, que una mujer de pie; hecha de flores, la primera es casi imposible. La mujer está de frente, con los pies y la cabeza de perfil, mirando una puesta de sol. La cara y un pañuelo de flores violetas forman la cabeza. La piel no está bien. No pude lograr ese color adusto, que me repugna y que me atrae. El vestido es de flores azules; tiene guardas blancas. El sol está hecho con unos extraños girasoles que hay aquí. El mar, con las mismas flores del vestido. Yo estoy de perfil, arrodillado. Soy diminuto (un tercio del tamaño de la mujer) y verde, hecho de hojas.

Me ia modifia la enscrive. La prima ia pare a me tro longa per es fada par flores. Me ia converti lo a esta:

He modificado la inscripción. La primera me salió demasiado larga para hacerla con flores. La convertí en ésta:

Tu ia velia mea mori en esta isola.

Mi muerte en esta isla has desvelado.

Me ia joia es un mor insonica. Par causa de este plaser, me ia descura la cortesia; en la frase, on ia pote ave un reproxa implicada. An tal, me ia reveni a acel idea. Me crede ce me ia es siecida: par mea propensa de presenta me como un morida ja cual no plu es mor; par la descovre leteratural o riable ce la mori es nonposible a lado de acel fem. En sua monotonia, la asurdas ia es cuasi monstrin:

Me alegraba ser un muerto insomne. Por este placer descuidé la cortesía; en la frase podía haber un reproche implícito. Volví, sin embargo, a esa idea. Creo que me cegaban: la afición a presentarme como un ex muerto; el descubrimiento literario o cursi de que la muerte era imposible al lado de esa mujer. Dentro de su monotonía, las aberraciones eran casi monstruosas:

Tu ia velia mea mori en esta isola.
o:
Me no es mor ja: me es enamada.

Un muerto en esta isla has desvelado.
o:
Ya no estoy muerto: estoy enamorado.

Me ia es descorajida. La enscrive de la flores dise:

Me descorazoné. La inscripción de las flores dice:

La tribui umil de un ama.

El tímido homenaje de un amor.

Tota ia aveni en un normalia la plu previdable, ma en un forma nonesperada lejera. Me es perdeda. Cultivante esta jardineta, me ia era sever, tal como Ajax – o algun otra nom elinica ja oblidada – cuando el ia dagi la animales; ma en esta caso me es la animales dagida.

Todo ocurrió dentro de la más previsible normalidad, pero en una forma inesperadamente benigna. Estoy perdido. Al labrar este jardincito cometí un furioso error, como Áyax —o algún otro nombre helénico ya olvidado— cuando acuchilló a los animales; pero en este caso yo soy los animales acuchillados.

La fem ia ariva plu temprana ca costumal. El ia lasa la bolsa (con un parte de libro protendente) sur un roca, e sur un otra, plu plana, ia estende la covreleto. El ia porta un completa de tenis; un tela de testa cuasi violeta. El ia sta un momento regardante la mar, como adormida; a pos, ela leva se e vade a xerca la libro. El ia move con acel libria cual nos ave cuando nos es solitar. El ia pasa, a la vade e a la reveni, a lado de mea jardineta, ma el ia finje no vide lo. Me no ia ansia de ce el no ia vide lo; a contra, cuando la fem ia apare, me ia comprende mea era enorme, me ia sufri ce me no pote sutrae un obra cual condena me per sempre. Me ia calmi, cisa perdente consiensa. La fem ia abri la libro, ia pone un mano entre la pajes, e ia continua contempla la sera. El no ia parti asta la noti.

La mujer llegó más temprano que de costumbre. Dejó el bolso (con un libro medio salido) en una roca, y en otra, más playa, extendió la manta. Tenía un traje de tenis; un pañuelo, casi violeta, en la cabeza. Estuvo un rato mirando el mar, como adormecida; después se levantó y fue a buscar el libro. Se movió con esa libertad que tenemos cuando estamos solos. Pasó, de ida y de vuelta, al lado de mi jardincito, pero simuló no verlo. No tuve ansiedad de que lo viera; al contrario, cuando la mujer apareció, comprendí mi asombrosa equivocación, sufrí por no poder sustraer una obra que me condenaba para siempre. Fui tranquilizándome, tal vez perdiendo la conciencia. La mujer abrió el libro, posó una mano entre las hojas, siguió mirando la tarde. No se fue hasta el anochecer.

Aora, me consola me, refletante sur mea condena. Esce lo es justa o no? Cual cosa me debe espera pos ce me ia dedica esta jardineta de mal gusta? Me crede, sin rebela, ce la obra no ta debe perde me, si me pote critica lo. Per un esente omnisiente, me no es la om ci acel jardin ansi. An tal, me ia crea lo.

Ahora me consuelo reflexionando sobre mi condena. ¿Es justa o no? ¿Qué debo esperar después de haberle dedicado este jardincito de mal gusto? Creo, sin rebelión, que la obra no debiera perderme, si puedo criticarla. Para un ser omnisapiente, yo no soy el hombre que ese jardín hace temer. Sin embargo, lo he creado.

Me ia vade a dise ce ala la periles de la crea evidenti, la difisilia de porta en se consiensas diversa, con ecuilibra, simultan. Ma cual valua? Esta consolas es debil. Tota es perdeda: la vive con la fem, la solitaria pasada. Sin refuja, me dura en esta monologa cual, de aora, es nonescusable.

Iba a decir que ahí se manifestaban los peligros de la creación, la dificultad de llevar diversas conciencias, equilibradamente, simultáneamente. Pero ¿a qué vale? Estos consuelos son lánguidos. Todo se ha perdido: la vida con la mujer, la soledad pasada. Sin refugio perduro en este monólogo que, desde ahora, es injustificable.

An con mea nervosia, oji, me ia senti inspira, cuando la sera ia disolve, partisipante a la calmia noncontaminada, a la grandiosia de la fem. Esta bonstate ia reveni per prende me a note; me ia sonia de la bordel de femes sieca cual me ia visita con Ombrellieri, en Calcuta. La fem ia apare, e la bordel ia converti se a un palasio fiorentin, rica, en stuco. Me, con confusa, me ia esclama: « U tan romantica! », plorante con felisia poesial e vania.

A pesar de los nervios, hoy he sentido inspiración, cuando la tarde se deshacía participando de la incontaminada serenidad, de la magnificencia de la mujer. Este bienestar volvió a tomarme de noche; tuve un sueño con el lupanar de mujeres ciegas que visité con Ombrellieri, en Calcuta. Apareció la mujer y el lupanar fue convirtiéndose en un palacio florentino, rico, estucado. Yo, confusamente, prorrumpí: « ¡Qué romántico!» , lloroso de felicidad poética y de vanagloria.

Ma me ia velia, a alga veses, angusada par mea fali de meritas comparada a la delicatia pur de la fem. Me no va oblida lo: el ia domina la desplase cual mea jardineta orible ia produi e ia finje relijiosa no vide lo. Me ia es angusada, ance, oiante Valensia e Te per du, cual un fonograf nonmoderada ia repete asta la leva de sol.

Pero me desperté algunas veces, angustiado por mi falta de méritos para la estricta delicadeza de la mujer. No lo olvidaré: dominó el desagrado que le produjo mi horrendo jardincito y simuló, piadosamente, no verlo. Me angustiaba, también, oír Valencia y Té para dos, que un fonógrafo excesivo repitió hasta la salida del sol.

☛ Tota cual me ia scrive…

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Lo ia es automatada jenerada de la paje corespondente en la Vici de Elefen a 27 julio 2022 (10:59 UTC).