LA INVENTA DE MOREL
Oji, en esta isola, un miracle…La plantas de la isola…A du veses analoja…En la rocas on ave un fem…Tra des ‑sinco dias…Aora, la fem con la tela de testa…Lo ia es, denova, como si…Tota lo cual me ia scrive…Cuando me ia vide ce la colina…Me ia mostra me…Me teni un dato…Esta es un enferno…”Te per du” e ”Valensia”…Asta asi, un parla…Cuando me ia ariva a la teras basa…Me ia vinse mea repulsa…Cuando me va calmi…Prima, me ia funsiona la resetadores…Me vole esplica a me…

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Tra des-sinco dias, on ia ave tre inondas. Ier la destina ia salva me de la mori par afoca. La acua cuasi ia surprende me. Fidante la marcas sur la arbor, me ia calcula ja la marea per oji. Si a la madrugada me ia es dorminte, me ia mori. Multe pronto la acua ia es altinte, con esta deside cual lo ave a un ves en la semana. Mea nonatende es tan grande ce me no sabe plu, aora, la causa de esta surprendes: eras de calcula, o un perde momental de regula en la mareas grande. Si la mareas ia cambia sua costumes, la vive en esta teras basa va es ancora plu perilosa. Me va ajusta, an tal. Me ia survive un tal mal fortuna!

En quince días hubo tres grandes inundaciones. Ayer la suerte me salvó de morir ahogado. Casi me sorprende el agua. Ateniéndome a las marcas del árbol, calculé para hoy la marea. Si a la madrugada hubiera dormido, habría muerto. Muy pronto el agua estaba subiendo con la decisión que tiene una vez por semana. Ha sido tanta mi negligencia que ahora no sé a qué atribuir estas sorpresas: a errores de cálculo o a una pérdida transitoria de regularidad en las grandes mareas. Si las mareas han cambiado sus costumbres, la vida en estos bajos será todavía más precaria. Me acomodaré, sin embargo. ¡He sobrevivido a tanta adversidad!

Me ia vive malada, dolosa, con febre, tra multe tempo; tan ocupada, atentante ce me no mori de famia; sin pote scrive (con esta coleria causada a me par la omes).

Viví enfermo, dolorido, con fiebre, muchísimo tiempo; ocupadísimo en no morirme de hambre; sin poder escribir (con esta cara indignación que debo a los hombres).

Cuando me ia ariva, me ia ave algas furnis en la saleta de comedas de la museo. En un forno clasica e brunida, con farina, sal e acua, me ia cosini un pan noncomable. Multe pronto, me ia come farina en la saceta, en polvo (con sorbes de acua). Tota fini: asta alga linguas de oveta en mal state, asta la fosfores (con un consuma de tre per dia). Cuanto los ia es plu evoluida ca nos, la inventores de la foco! Me ia es laborante con dole, tra dias sin fini, per construi un trapa; cuando lo ia funsiona, me ia pote come avias sanguosa e dulse. Me ia segue la tradision de la solitares; me ia come, ance, radises. La dole, un palia umida e fea, catalesias cual no ia lasa cualce recorda, temes soniada nonoblidable, ia permete ce me conose la plantas la plu venenosa[¹].

A mi llegada había algunas provisiones en la despensa del museo. En un horno clásico y tostado, con harina, sal y agua, elaboré un pan incomible. Muy pronto comí harina en la bolsa, en polvo (con sorbos de agua). Todo se acabó: hasta unas lenguas de cordero en mal estado, hasta los fósforos (con un consumo de tres por día). ¡Cuánto más evolucionados que nosotros fueron los inventores del fuego! Estuve trabajando, lastimándome infinitos días, para hacer una trampa; cuando funcionó pude comer pájaros sangrientos y dulces. He seguido la tradición de los solitarios; he comido, también, raíces. El dolor, una lividez húmeda y espantosa, catalepsias que no me dejaron un recuerdo, inolvidables miedos soñados, me han permitido conocer las plantas más venenosas².[Nota 2. Ha vivido, sin duda, debajo de los árboles cargados de cocos. No los menciona. ¿Ha podido no verlos? ¿O será más bien que, atacados por la peste, los árboles no daban frutas? (N. del E.)]

Me es noncontente: me no ave la utiles; la rejion es nonsana, enemin. Ma, a alga menses pasada, mea vive presente ia ta pare a me un paradiso nonimajinable.

Estoy molesto: no tengo las herramientas; la región es malsana, adversa. Pero, hace unos meses, mi vida actual me hubiera parecido un exagerado paraíso.

La mareas dial es no perilosa no puntual. A veses, los leva la ramos covreda par folias cual me usa per dormi e me velia en un acua permeada par la acuas fangosa de la pantanes.

Las mareas diarias no son peligrosas ni puntuales. A veces levantan las ramas cubiertas de hojas que tiendo para dormir y amanezco en un mar impregnado por las aguas barrosas de los pantanos.

Lo resta a me la posmedia per la xasa; a la matina, me es con la acua asta la sintur; la moves pesa como si la parte sumerjida de la corpo ta es plu grande; en compensa, on ave min lezardos e viperas; la moscitos permane tra tota la dia, tota la anio.

Me queda la tarde para la caza; a la mañana estoy con el agua hasta la cintura; los movimientos pesan como si la parte del cuerpo que está sumergida fuera muy grande; en compensación, hay menos lagartos y víboras; los mosquitos duran todo el día, todo el año.

La utiles es en la museo. Me aspira es bastante corajosa per emprende un esplora e reprende los. Cisa, lo no es nesesada: esta persones va desapare; cisa me ia ave alusinas.

Las herramientas están en el museo. Aspiro a tener valor, a emprender una expedición y rescatarlas. Tal vez no sea indispensable: esta gente desaparecerá; tal vez he tenido alucinaciones.

La barco es nonatenable, en la plaia este. Me no ia perde multe: me sabe ce me no es prisonida, ce me pote parti de la isola; ma esce me ta pote parti a alga ves? Me conose la enferno en esta barco. Me ia veni de Rabaul asta asi. Me no ia ave acua per bevi, me no ia ave un xapo. Cuando on remi, la mar es nonconsumable. La arde solal, la fatiga ia es plu grande ce mea corpo. Los ia dona a me un maladia ardente e sonias cual no ia fatiga.

El bote ha quedado fuera de alcance, en la playa del este. Lo que pierdo no es mucho: saber que no estoy preso, que puedo irme de la isla; pero ¿pude irme alguna vez? Sé el infierno que encierra ese bote. Vine de Rabaúl hasta aquí. No tenía agua para beber, no tenía sombrero. A remo, el mar es inagotable. La insolación, el cansancio eran mayores que mi cuerpo. Me aquejaron una ardiente enfermedad y sueños que no se cansaban.

Aora, mea bon fortuna es ce me sabe distingui la radises comable. Me ia susede ordina mea vive tan bon ce me fa tota la laboras e ce lo resta ancora a me un pico de tempo per reposa. En esta vastia me senti libre, felis.

Ahora mi fortuna es distinguir las raíces comestibles. He llegado a ordenar la vida tan bien, que hago todos los trabajos y me queda, todavía, un rato para descansar. En esta amplitud me siento libre, feliz.

Ier me ia tardi; oji, me no ia sesa labora; an tal, alga labora ia resta per doman; cuando on ave tan multe cosas per fa, la fem de la seras no velia me.

Ayer me atrasé; hoy estuve trabajando continuamente; sin embargo, quedó algo para mañana; cuando hay tanto que hacer, la mujer de las tardes no me desvela.

Ier, a la matina, la mar ia invade la teras basa. Nunca me ia vide un marea de tal vastia. Lo ia es cresente ancora cuando lo ia comensa pluve (asi la pluves es nonfrecuente, multe forte, con soflones). Me ia debe trova un refuja.

Ayer a la mañana el mar invadía los bajos. Nunca he visto una marea de tanta amplitud. Todavía estaba creciendo cuando empezó a llover (aquí las lluvias son infrecuentes, poderosísimas, con vendavales). Tuve que buscar reparo.

Envolveda par la inclina liscante, la fortia de la pluve, la venta e la ramos, me ia asende la colina. Lo ia veni a mea mente ce me asconde en la egleseta (la loca la plu solitar de la isola).

Atareado por lo resbaladizo de la pendiente, el ímpetu de la lluvia, el viento y las ramas, subí a la colina. Se me ocurrió esconderme en la capilla (el sitio más solitario de la isla).

Me ia es stante en la salas do la pretes veni per la come de matina e cambia sua vestes (me no ia vide alga parocior o prete entre la abitores de la museo) cuando, pronto, on ia ave du persones, subita presente, como si los ia ta apare sola en mea vide o en mea imajina… Me ia asconde – vasilante, con torpia – a su la altar, entre telas de seda e dentelas. Los no ia vide me. Mea stona dura ancora.

Estaba en los cuartos reservados para que los sacerdotes tomen los desayunos y se cambien de ropa (no he visto ningún cura ni pastor entre los ocupantes del museo) y de pronto hubo dos personas, bruscamente presentes, como si no hubieran llegado, como si hubieran aparecido nada más que en mi vista o imaginación… Me escondí —irresoluto, con torpeza— debajo del altar, entre sedas coloradas y puntillas. No me vieron. Todavía me dura el asombro.

Tra alga tempo, me ia resta nonmovente, acrupida, en un sta noncomfortosa, spiante tra la cortinas de seda cual on ave a basa de la altar xef, con mea atende dirijeda a la ruidos interponeda par la tempesta, regardante la montes de formicerias, oscur, la vias movente de la formicas, pala e grande, la petras de pave desfisada… atendente la gotas sur la mur e sur la teto, la acua tremante en la tubos de drena, la pluve sur la rueta prosima, la tonas, la ruidos confusada de la tempesta, de la arbores, de la mar sur la plaia, de la faxones visina, atentante distingui la pasos o la vose de cualcun ci ta es avansante asta mea refuja, per evita un otra apare nonespetada.

Pasé un rato, inmóvil, agachado, en postura incómoda, espiando entre las cortinas de seda que hay debajo del altar principal, con la atención dirigida hacia los ruidos interpuestos por la tormenta, mirando las montañas de los hormigueros, oscuras, los caminos movedizos de las hormigas, pálidas y grandes, baldosas removidas… Atento a las gotas en la pared y en el techo, al agua estremecida en las canaletas, a la lluvia en la vereda cercana, a los truenos, a los confusos ruidos del temporal, de los árboles, del mar en la playa, de las inmediatas vigas, queriendo aislar los pasos o la voz de alguien que estuviera avanzando hacia mi refugio, evitar otra aparición inesperada…

Entre la ruidos, me ia comensa oia fratos de un melodia consisa, multe distante… Me no plu ia oia lo, e me ia pensa ce lo ta es como figures cual, longo Leonardo, apare cuando nos regarda tra alga tempo la manxas de umidia. La musica ia reveni e me ia es con la oios nubosa, plaseda par sua armonia, turbada ante es tota terorida.

Entre los ruidos, empecé a oír fragmentos de una melodía concisa, muy remota… Dejé de oírla y pensé que había sido como esas figuras que, egún Leonardo, aparecen cuando miramos un rato las manchas de humedad. Volvió a música y y o estuve con los ojos nublados, complacido por su armonía, convulso antes de aterrorizarme del todo.

Pos alga tempo, me ia vade a la fenetra. La acua, blanca sur la vitro, sin brilia, profonda oscur en la aira, ia lasa apena vide.. Me ia ave un surprende tan grande ce lo no ia importa ce me mostra me a la porte abrida.

Después de un rato fui a la ventana. El agua, blanca en el vidrio, sin brillo, profundamente oscura en el aire, apenas dejaba ver… Tuve una sorpresa tan grande que no me importó asomarme por la puerta abierta.

La eroes de la snobia (o la pasientes de un dementeria abandonada) vive asi. Sin regardores – o me es la publica intendeda ja de la comensa –, per es noncomun, los pasa la limitas de la descomforta tolerable, defiante la moria. Lo es autentica, no es un inventa de mea amargia… Los ia trae a estra la fonograf cual ia es en la sala verde, visina a la salon de la acueria, e femes e omes, sentante sur bancas o sur la erba, ia es conversante, oiante musica e dansante a media de un tempesta de acua e venta, cual, menasante, ta pote desradisi tota la arbores.

Aquí viven los héroes del snobismo (o los pensionistas de un manicomio abandonado). Sin espectadores —o soy el público previsto desde el comienzo—, para ser originales cruzan el límite de incomodidad soportable, desafían la muerte. Esto es verídico, no es una invención de mi rencor… Sacaron el fonógrafo que está en el cuarto verde, contiguo al salón del acuario, y, mujeres y hombres, sentados en bancos o en el pasto, conversaban, oían música y bailaban en medio de una tempestad de agua y viento que amenazaba arrancar todos los árboles.

☛ Aora, la fem con la tela de testa…


[¹] El ia vive, sin duta, su arbores cargada de cocos. El no parla de los. Esce el ia pote no vide los? O, plu bon, esce, atacada par la pesta, la arbores no ia dona frutas? (Nota de la editor.)

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Lo ia es automatada jenerada de la paje corespondente en la Vici de Elefen a 19 janero 2022 (18:21 UTC).