LA INVENTA DE MOREL
Oji, en esta isola, un miracle…La plantas de la isola…A du veses analoja…En la rocas on ave un fem…Tra des ‑sinco dias…Aora, la fem con la tela de testa…Lo ia es, denova, como si…Tota lo cual me ia scrive…Cuando me ia vide ce la colina…Me ia mostra me…Me teni un dato…Esta es un enferno…”Te per du” e ”Valensia”…Asta asi, un parla…Cuando me ia ariva a la teras basa…Me ia vinse mea repulsa…Cuando me va calmi…Prima, me ia funsiona la resetadores…Me vole esplica a me…

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A du veses analoja, me ia fa mea descovres en la suteras. A la prima – la furnis de la reteneria de comedas ia comensa diminui – me ia es xercante alga comables e me ia descovre la macineria. Cuando me ia visita la sutera, me ia nota ce no mur ia teni la lucarna cual me ia vide de la esterna, con vitros spesa e baras, partal ascondeda entre la ramos de un conifer. Como en un discute con algun ci ta afirma ce esta lucarna es nonreal, videda en un sonia, me ia sorti per proba esce lo sta ala ancora.

En dos ocasiones análogas hice mis descubrimientos en los sótanos. En la primera —habían empezado a mermar las provisiones de la despensa— buscaba alimentos y descubrí la usina. Cuando recorría el sótano advertí que ninguna pared tenía el tragaluz que y o había visto desde afuera, con vidrios espesos y rejas, medio escondido entre las ramas de un conífero. Como en una discusión con alguien que me sostuviera que ese tragaluz era irreal, visto en un sueño, salí a comprobar si todavía estaba.

Me ia vide lo denova. Me ia desende a la sutera e me ia orienta con difisilia grande per encontra, tra interna, la loca corespondente a la lucarna. Lo ia sta ultra la mur. Me ia xerca alga fesures, portes secreta. La pariete ia es multe lisa e multe solida. Me ia pensa ce en un isola, en un loca encluida par mures, on debe ave un tesoro; ma me ia deside rompe la mur e entra, car lo ia pare plu probable ce on ave, si no mitraliadores e munis, un reteneria de comables.

Lo vi de nuevo. Bajé al sótano y tuve gran dificultad para orientarme y encontrar, por adentro, el sitio que correspondía al tragaluz. Estaba del otro lado de la pared. Busqué hendiduras, puertas secretas. La pared era muy lisa y muy sólida. Pensé que en una isla, en un lugar tapiado tenía que haber un tesoro; pero decidí romper la pared y entrar, porque me pareció más verosímil que hubiera, si no ametralladoras y municiones, un depósito de víveres.

Con la fero cual on usa per clui un porte, e en un state cresente de fatiga, me ia abri un buco: on ia vide un claria sielin. Me ia labora multe e, a la mesma posmedia, me ia es a en. Mea senti prima no ia es la desplase de no trova comables, no la felisia de reconose un pompa per tira la acua e un jenerador de lus, ma plu la amira plaserosa e vasta: la mures, la sofito, la solo ia es en porselana azul de sielo e tota, an la aira (en esta sala sin otra comunica con la dia ca un lucarna alta e ascondeda entre la ramos de un arbor) ia ave la diafania sielin e profonda ce on ave en la spuma de la cascades.

Con el hierro que servía para atrancar una puerta, y una creciente languidez, abrí un agujero: se vio claridad celeste. Trabajé mucho y esa misma tarde estuve adentro. Mi primera sensación no fue el disgusto de no encontrar víveres, ni el alivio de reconocer una bomba de sacar agua y una usina de luz, sino la admiración placentera y larga: las paredes, el techo, el piso, eran de porcelana celeste y hasta el mismo aire (en ese cuarto sin más comunicación con el día que un tragaluz alto y escondido entre las ramas de un árbol) tenía la diafanidad celeste y profunda que hay en la espuma de las cataratas.

Me no comprende multe en motores, ma me no ia tardi per funsiona los. Cuando la acua de pluve es consumada, me labora la pompa. Tota esta ia surprende me: per me e per la simplia e la bon state de la macinas. Me no iniora ce per repara un fali me debe sola fida mea ajusta. Me es tan noncapas ce me ancora no ia pote trova la punta de alga motores verde cual on ave en la mesma sala, no acel de esta silindre con aletas cual sta en la teras basa sude (interliada a la sutera par un tubo de fero; si lo no ia es tan distante de la costa, me ta atribui a lo alga relata con la mareas; on ta pote imajina ce on usa lo per carga la cumuladores cual la macineria debe ave). Par causa de esta noncapasia, me no peri multe; me no opera la motores si lo no es nesesada.

Entiendo muy poco de motores, pero no tardé en ponerlos en funcionamiento. Cuando se me acaba el agua llovida, hago trabajar la bomba. Todo esto me ha sorprendido: por mí y por la simplicidad y buen estado de las máquinas. No ignoro que para contrarrestar una falla, solamente cuento con mi resignación. Soy tan inepto que todavía no he podido averiguar el destino de unos motores verdes que hay en el mismo cuarto, ni de ese rodillo con aletas que está en los bajos del sur (vinculado con el sótano por un tubo de hierro; si no estuviera tan alejado de la costa le atribuiría alguna relación con las mareas; podría imaginar que sirve para cargar los acumuladores que ha de tener la usina). Por esa ineptitud hago mucha economía; no pongo en marcha los motores sino cuando es indispensable.

Ma, a un ves, tota la luses de la museo ia lumina tra la note intera. Lo ia es cuando, a la ves du, me ia fa descovres en la suteras.

Sin embargo, en una ocasión, todas las luces del museo estuvieron encendidas la noche entera. Fue la segunda vez que hice descubrimientos en los sótanos.

Me ia es malada. Me ia espera ce a alga parte de la museo on ta ave un mobila con medisines; a supra, on ia ave no cosa; me ia desende a la suteras e… a esta note, me ia iniora mea maladia, me ia oblida ce la cosas orible cual me ia es esperiante veni sola en la sonias. Me ia descovre un porte secreta, un scalera, un sutera du. Me ia entra en un cambra poliedro – simil a alga refujas contra bombis, cual me ia vide en la sinema – con la parietes covreda par laminas de du tipos – algas de un materia como la suber, otras de marmo – simetre distribuida. Me ia fa un paso: tra arcadas de petra, en oto dirijes me ia vide, como en mirores, la mesma cambra repeteda a oto veses. A pos, me ia oia multe pasos, estrema clar, tota sirca me, a supra, a su, paseante tra la museo. Me ia avansa pico ancora: la ruidos ia estingui, como en un ambiente de neva, como en la montes fria de Venezuela.

Yo estaba enfermo. Tuve la esperanza de que en alguna parte del museo hubiera un mueble con remedios; arriba no había nada; bajé a los sótanos y… esa noche ignoré mi enfermedad, olvidé que los horrores que estaba pasando vienen, solamente, en los sueños. Descubrí una puerta secreta, una escalera, un segundo sótano. Entré en una cámara poliédrica —parecida a unos refugios contra bombardeos que vi en el cinematógrafo— con las paredes recubiertas por chapas de dos tipos —unas de un material como el corcho, otras de mármol— simétricamente distribuidas. Di un paso: por arcadas de piedra, en ocho direcciones vi repetirse, como en espejos, ocho veces la misma cámara. Después oí muchos pasos, terriblemente claros, a mi alrededor, arriba, abajo, caminando por el museo. Adelanté un poco más: se apagaron los ruidos, como en un ambiente de nieve, como en las frías alturas de Venezuela.

Me ia asende la scalera. On ia ave la silentia, la ruido solitar de la mar, la nonmove con fugas de milpedes. Me ia teme un invade de fantasmas, un invade de polisias, min probable. Me ia pas oras entre la cortinas, angusada par la asconderia cual me ia eleje (lo ia es posible ce on va vide me de estra; si me ia ta vole fuji algun ci sta en la sala, me ia ta debe abri la fenetra). Plu tarda, me ia osa foraje la casa ma me ia resta noncuieta: me ia oia ja sirculis de pasos clar; a niveles diversa, movente.

Subí la escalera. Había el silencio, el ruido solitario del mar, la inmovilidad con fugas de ciempiés. Temí una invasión de fantasmas, una invasión de policías, menos verosímil. Pasé horas entre las cortinas, angustiado por el escondite que había elegido (era posible verme de afuera; si quería escaparme de alguien que estuviera en el cuarto debía abrir la ventana). Después me atreví a registrar la casa pero seguía inquieto: me había oído rodear de pasos nítidos; a distintas alturas, movedizos.

A la madrugada, me ia desende denova a la sutera. La mesma pasos ia ensirca me, prosima e distante. Ma a esta ves, me ia comprende los. Noncomfortosa, me ia continua visita la sutera du, escortada a intervales par la core repeteda de la ecos, multiple sola. On ave nove cambras egal; sinco otras en un sutera plu basa. Los pare es como refujas contra bombis. Ci ia es los ci, en 1924, plu o min, ia fa esta construida? Perce los ia lasa lo abandonada? Cual bombis los ia teme? Stonante, la injeniores de un casa tan bon construida ia respeta la prejudi moderna contra la moldures, en tal modo ce esta refuja proba la ecuilibra mental: la ecos de un suspira fa ce on oia suspiras, prosima e distante, tra du o tre minutos. En la loca do on no ave ecos, la silentia es tan orible como esta pesa cual no permete ce on fuji, en la sonias.

A la madrugada bajé de nuevo al sótano. Me rodearon los mismos pasos, de cerca y de lejos. Pero esa vez los comprendí. Molesto, seguí recorriendo el segundo sótano, intermitentemente escoltado por la bandada solícita de los ecos, multiplicadamente solo. Hay nueve cámaras iguales; otras cinco en un sótano más bajo. Parecen refugios contra bombardeos. ¿Quiénes eran los que, en 1924, más o menos, construyeron este edificio? ¿Por qué lo han dejado abandonado? ¿Qué bombardeos temían? Asombra que los ingenieros de una casa tan bien construida hay an respetado el moderno prejuicio contra las molduras, hasta el punto de haber hecho este refugio que pone a prueba el equilibrio mental: los ecos de un suspiro hacen oír suspiros, al lado, lejanos, durante dos o tres minutos. Donde no hay ecos el silencio es tan horrible como ese peso que no deja huir, en los sueños.

La lejor atendosa pote trae de mea informa un cataloga de ojetos, de situas, de fatos plu o min surprendente; la ultima es la apare de la abitores presente de la colina. Esce on pote relata esta persones con los ci ia vive en 1924? Esce on debe vide, en la turistes de oji, la construores de la museo, de la egleseta, de la pisina? Me no susede crede ce un de esta persones, a cualce ves, ia ta interompe Te per du o Valensia per desinia esta casa infestada con ecos, serta, ma secur contra bombas.

El lector atento puede sacar de mi informe un catálogo de objetos, de situaciones, de hechos más o menos asombrosos; el último es la aparición de los actuales habitantes de la colina. ¿Cabe relacionar a estas personas con las que vivieron en 1924? ¿Habrá que ver en los turistas de hoy a los constructores del museo, de la capilla, de la pileta de natación? No me decido a creer que una de estas personas hay a interrumpido alguna vez Té para dos o Valensia, para hacer el proyecto de esta casa, infestada de ecos, es cierto, pero a prueba de bombas.

☛ En la rocas on ave un fem…

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Lo ia es automatada jenerada de la paje corespondente en la Vici de Elefen a 27 julio 2022 (10:59 UTC).