LA INVENTA DE MOREL
Oji, en esta isola, un miracle…La plantas de la isola…A du veses analoja…En la rocas on ave un fem…Tra des ‑sinco dias…Aora, la fem con la tela de testa…Lo ia es, denova, como si…Tota lo cual me ia scrive…Cuando me ia vide ce la colina…Me ia mostra me…Me teni un dato…Esta es un enferno…”Te per du” e ”Valensia”…Asta asi, un parla…Cuando me ia ariva a la teras basa…Me ia vinse mea repulsa…Cuando me va calmi…Prima, me ia funsiona la resetadores…Me vole esplica a me…

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Esta es un enferno. La soles es cargosa. Me no senti bon. Me ia come alga bulbos semblante nabos, multe fibrosa.

Esto es un infierno. Los soles están abrumadores. Yo no me siento bien. Comí unos bulbos parecidos a los nabos, muy fibrosos.

La soles ia es a supra, un plu ca la otra, e, subita (me crede ce me ia es regardante la mar asta acel momento), un barcon ia apare vera prosima entre la resifes. Lo ia es como si me ia es dorminte (an la moscas vola dorminte su esta sol duple) e me velia, pos secondos o oras, sin nota ce me ia dormi ja o ce me es veliante. La barcon ia es de carga, blanca. Mea condena, me ia pensa. Sin duta los veni per esplora la isola. La ximine, jala (como sur la barcones de la Royal Mail e de la Pacific Line), multe alta, ia sibila a tre veses. La intruores ia freta a la bordas de la colina. Alga femes ia saluta con telas de testa.

Los soles estaban arriba, uno más que otro, y, de improviso (creo haber mirado el mar hasta ese momento), apareció un buque muy cerca, entre los arrecifes. Fue como si me hubiera dormido (hasta las moscas vuelan dormidas, bajo este sol doble) y despertara, segundos u horas después, sin advertir que había dormido o que estaba despertando. El buque era de carga, blanco. Mi sentencia, pensé indignado. Sin duda vienen a explorar la isla. La chimenea, amarilla (como en buques de la Royal Mail y de la Pacific Line), altísima, dio tres pitadas. Los intrusos afluyeron a los bordes de la colina. Algunas mujeres saludaron con pañuelos.

La mar no ia es movente. De la barcon, on ia pone un barco a la acua. Un ora ia pasa ante ce on susede funsiona la motor. Un maror vestida como un ofisior o un capitan ia desembarca sur la isola. La otras ia reveni a la barcon.

El mar no se movía. Bajaron del buque una lancha. Tardaron casi una hora en hacer funcionar el motor. Desembarcó en la isla un marino vestido de oficial o de capitán. Los demás volvieron al buque.

La om ia asende la colina. Me ia ave un curiosa grande e, an dolente con la difisilia de dijesta la bulbos, me ia asende tra un otra lado. Me ia vide ce el saluta respetosa. On ia demanda a el como la viaja ia es; esce tota ia aveni bon a Rabaul. Me ia sta a retro de un fenix morinte, sin teme de es videda (lo ia pare a me nonusosa ce me asconde). Morel ia gida la om asta un banca. Los ia parla.

El hombre subió a la colina. Tuve mucha curiosidad y, a pesar de mis dolores y de los bulbos difíciles de asimilar, subí por otro lado. Lo vi saludar respetuosamente. Le preguntaron qué tal viaje había tenido; si había conseguido todo en Rabaúl. Yo estaba detrás de un fénix moribundo, sin miedo de ser visto (me parecía inútil esconderme). Morel se llevó al hombre hasta un banco. Hablaron.

Me ia sabe ja la intende con acel barcon. Lo ia debe parteni a la intruores o a Morel. Lo ia veni per prende los.

Ya sabía a qué atenerme con ese buque. Debía de ser de los intrusos o de Morel. Venía para llevarlos.

Me ave tre posibles, me ia pensa. Saisi ela, pone me en la barcon, lasa ce ela parti.

Tengo tres posibilidades, pensé. Raptarla, meterme en el barco, dejarla ir.

Si me ia saisi ela, los va veni per xerca ela; tarda o temprana los va encontra nos. Esce on no ave en tota la isola un loca per asconde ela? Me recorda la dole de mea fas forsante ce me pensa.

Vendrán a buscarla; tarde o temprano han de encontrarnos, si la rapto. ¿No habrá en toda la isla un sitio para esconderla? Me acuerdo que ponía cara de dolor para obligarme a pensar.

Lo ia veni la idea, ance, ce me sorti ela de sua sala a la oras prima de la note e ce nos vade a via, reminte en la barco en cual me ia veni de Rabaul. Ma a do? Esce la miracle de acel viaja va repete? Como orienta me? Ce me lansa me a la aventura con Faustine, esce lo va valua la doles tan longa cual on va ave en acel barco en media de la mar? O tan corta: posible, a poca metres de la costa, nos va afonda.

Se me ocurrió, también, sacarla de su cuarto en las primeras horas de la noche e irnos remando en el bote en que vine desde Rabaúl. Pero ¿a dónde? ¿Se repetiría el milagro de ese viaje? ¿Cómo orientarme? Tirarme a la suerte con Faustine, ¿valdría las penurias demasiado largas que habría en ese bote en medio del océano? O demasiado breves: posiblemente, a pocos metros de la costa nos hundiríamos.

Si me susede pone me en la barcon, me ta es descovreda. Lo ta resta a me la posible ce me parla, ce me clama Faustine o Morel e ce me esplica a los mea state. Cisa me va teni tempo – si mea nara cade mal – per mata me o ce on mata me ante la ariva a la porto prima con un prison.

Si conseguía meterme en el buque, sería descubierto. Quedaba la posibilidad de hablar, de pedir que llamaran a Faustine o a Morel y de explicarles mi situación. Quizá habría tiempo —si mi historia cayera mal— de matarme o hacerme matar antes de llegar al primer puerto con prisión.

Me debe deside, me ia pensa.

Tengo que decidirme, pensé.

Un om alta, forte, con la fas roja, la barba mal rasada, negra, con maneras femin, prosima se a Morel e ia dise a el:

Un hombre alto, robusto, con la cara encendida, la barba mal afeitada, negra, modales afeminados, se acercó a Morel y le dijo:

« Lo es tarda. Nos debe ancora prepara nos. »

—Se hace tarde. Todavía tenemos que prepararnos.

Morel ia responde:

Morel contestó:

« Un momento. »

—Un momento.

La capitan ia leva; Morel, stante a media, ia continua parla a el, insistente. El ia puieta a alga veses la spala de la otra e ia turna a la om forte, en cuando la otra ia saluta el, e ia demanda:

El capitán se levantó; Morel, medio erguido, siguió hablándole, urgentemente. Le dio unas palmadas en la espalda y se volvió hacia el gordo, mientras el otro lo saludaba, y le preguntó:

« Nos vade? »

—¿Vamos?

La om forte ia regarda demandosa la joven capelnegra con suprasiles cargosa, e ia repete:

El gordo miró sonriendo inquisitivamente al muchacho de pelo negro y de cejas cargadas, y repitió:

« Nos vade? »

—¿Vamos?

La joven ia confirma con testa.

El muchacho asintió.

La tre ia core a la museo, sin espeta la senioras. La capitan ia prosimi a los suriente con cortesia. La grupo ia segue multe lenta la tre seniores.

Los tres corrieron hacia el museo, prescindiendo de las señoras. El capitán se les acercó sonriendo cortésmente. El grupo siguió muy despacio a los tres caballeros.

Me no ia sabe lo cual me pote fa. La sena, an riable, ia pare a me alarmante. Perce los ia vade a prepara se? Me no ia es emosiada. Me ia pensa ce si me ia vide ja los partinte con Faustine, me ta lasa consuma la oriblia preparada, sin ata, pico nervosa.

Yo no sabía qué hacer. La escena, aunque ridícula, me pareció alarmante. ¿Para qué iban a prepararse? No estaba conmovido. Pensé que si los hubiera visto partir con Faustine, también habría dejado consumarse el preparado horror, inactivo, ligeramente nervioso.

Fortunosa, la momento no ia es arivada. La barba e la gamas magra de Morel ia apare a distantia. Faustine, Dora, la fem ci me ia vide a un note parlante de naras de fantasmas, Alec e la tre omes ci ia es ala a un momento a ante, totas ia es desendente a la pisina, en vestes de nada. Me ia core de un planta a la otra, per vide plu bon. La femes ia trota, suriente; la omes ia salta, como per luta contra un fria nonimajinable en esta rena de du soles. Me ia previde la delude cual los va ave cuando los va inclina a la pisina. De cuando me no ia cambia la acua, lo es nonpenetrable (a la min per algun normal): verde, opaca, spumosa, con masas de folias cual ia crese monstrin, con avias mor e, sin duta, con viperas e sapos vivente.

Por suerte no había llegado el momento. La barba y las piernas flacas de Morel se vieron de lejos. Faustine, Dora, la mujer que vi una noche contando cuentos de fantasmas, Alec y los tres hombres que habían estado un rato antes, bajaban hacia la pileta, en traje de baño. Yo me corrí de una planta a otra, para ver mejor. Las mujeres trotaban, sonrientes; los hombres daban saltos, como para quitarse un frío inconcebible en este régimen de dos soles. Preveía la desilusión que tendrían al asomarse a la pileta. Desde que no la cambio, el agua está impenetrable (al menos para una persona normal): verde, opaca, espumosa, con grandes matas de hojas que han crecido monstruosamente, con pájaros muertos y, sin duda, con víboras y sapos vivos.

Partal nudida, Faustine es bela sin limita. Ela ia ave acel joia estasiada, pico stupida, de los ci bani se publica. Ela ia tufa ante totas. Me ia oia los riente e ajitante la acua.

Semidesnuda, Faustine es ilimitadamente hermosa. Tenía esa alegría de embelesados, un poco tonta, de la gente cuando se baña en público. Fue la primera en zambullir. Los oí reírse y agitar el agua.

Dora e la fem vea ia sorti prima. La vea, con multe moves de braso, ia es contante:

Dora y la mujer vieja salieron primero. La vieja, con mucho movimiento de brazo, contó:

« Un, du, tre.»

—Uno, dos, tres.

La otras, serta, ia es corsante. La omes ia sorti fatigada. Faustine ia resta per un plu momento en la acua.

Los otros, seguramente, corrían una carrera. Los hombres salieron exhaustos. Faustine estuvo un rato más en el agua.

Entretempo, la marores ia desembarca. Los visita la isola. Me ia asconde entre alga juntas de palmas.

Entretanto, los marineros habían desembarcado. Recorrían la isla. Me guarecí entre unas matas de palmeras.

Me va nara con esatia la fatos cual me ia atesta entre ier a la sera e oji a la matina, fatos noncredable tal ce la realia no ia pote produi sin labora… Aora lo pare ce la situa real no es lo cual me ia descrive en la pajes presedente; ce la situa cual me vive no es lo cual me crede vive.

Contaré fielmente los hechos que he presenciado entre ayer a la tarde y la mañana de hoy, hechos inverosímiles, que no sin trabajo habrá producido la realidad… Ahora parece que la verdadera situación no es la descripta en las páginas anteriores; que la situación que vivo no es la que yo creo vivir.

Cuando la baniores ia vade a vesti se, me ia intende vijila a dia e a note. An tal, pronto me ia considera nonesesada acel deside.

Cuando los bañistas fueron a vestirse, decidí vigilar día y noche. Sin embargo, pronto consideré injustificada esa medida.

Me ia es vadente, cuando la joven capelnegra con la suprasiles cargosa ia apare. A un minuto a pos, me ia surprende Morel spiante, ascondente en la concavia de un fenetra. Morel ia desende la scalera. Me no ia es distante. Me ia pote oia el.

Me iba, y apareció el muchacho de las cejas cargadas y del pelo negro. Un minuto después sorprendí a Morel, espiando, escondiéndose en una ventana. Morel bajó la escalinata. Yo no estaba lejos. Pude oírlo.

« Me no ia vole parla car on ia ave persones. Me vade a presenta alga cosa a tu e a alga otras.

—No quise hablar porque había gente. Voy a someterle algo, a usted y a unos pocos.

– Presenta lo.

—Someta.

– No asi », Morel ia dise, regardante la arbores con desfida. « A esta note. Cuando totas vade, resta. »

—No aquí —dijo Morel, escrutando con desconfianza los árboles—. Esta noche. Cuando todos se vayan, quédese.

– Morinte par fali de dormi? »

—¿Muerto de sueño?

– Lo es plu bon. Plu tarda lo es, plu bon lo es. Ma, supra tota, discretia. Me no vole ce on informa la femes. La isteria dona isteria a me. Adio. »

—Mejor. Cuanto más tarde mejor. Pero, sobre todo, sea discreto. No quiero que las mujeres se enteren. La histeria me da histeria. Adiós.

El ia distanti corente. Ante ce el entra en la casa, el ia regarda a retro. La joven ia es asendente la scalera. El ia es parada par jestis de Morel. El ia fa un pasea corta, con la manos en la poxes, frivol sibilante.

Se alejó corriendo. Antes de entrar en la casa miró hacia atrás. El muchacho empezaba a subir. Lo detuvieron unos ademanes de Morel. Dio un paseo corto, con las manos en los bolsillos, silbando rudimentariamente.

Me ia atenta pensa a lo cual me ia vide, ma me no ia desira lo tan.

Traté de pensar en lo que había visto, pero no tenía ganas. Estaba inquieto.

Un cuatriora ia pasa, plu o min.

Transcurrió un cuarto de hora, más o menos.

Un otra barbida, obesa, con capeles grisin blanca, ci me no ia indica ancora en esta reporta, ia apare a la scalera, ia regarda distante a la esterna. El ia desende e sta a fronte de la museo, sin move, parente turbada.

Otro barbudo canoso, gordo, que no he consignado todavía en este informe, apareció en la escalinata, miró a lo lejos, alrededor. Bajó y se quedó frente al museo, inmóvil, aparentemente azorado.

Morel ia reveni. Los ia parla tra un minuto. Me ia pote oia:

Volvió Morel. Hablaron un minuto. Pude oír:

« … si me ta dise ce tota tua atas e parolas es rejistrada?

—¿… si yo le dijera que están registrados todos sus actos y palabras?

– Lo no ta importa. »

—No me importaría.

Me ia demanda a me esce los ia descovre mea jornal. Me ia deside manteni me vijilante. Impedi la tentas de la fatiga e de la distrae. No lasa ce on surprende me.

Me pregunté si habrían descubierto mi diario. Resolví mantenerme alerta. Impedir las tentaciones de la fatiga y de la distracción. No dejarme sorprender.

La obesa ia resta solitar denova, nondesidosa; Morel ia apare con Alec (la joven oriental con pel olivin). La tre omes ia vade a via.

El gordo volvió a quedar solo, indeciso. Morel apareció con Alec (joven oriental y verdinegro). Se fueron los tres.

Alora la seniores ia sorti, con servores traente sejas de palia cual los ia pone a la ombra de un arbor de pan, grande e malada (me ia vide alga esemplos min developada en un vea cultiveria a Los Teques). La senioras ia ocupa la sejas; sirca los, la omes ia reposa sur la sespe. Lo ia remente me sur la seras en mea pais.

Salieron entonces caballeros y criados con sillas de paja, que pusieron a la sombra de un árbol del pan, grande y enfermo (he visto algunos ejemplares menos desarrollados en una vieja quinta, en Los Teques). Las damas ocuparon las sillas; a su alrededor los hombres se echaron en el pasto. Recordé tardes en la patria.

Faustine ia traversa la rocas. Lo es ja iritante como me ama esta fem (e riable: nos no ia parla a cualce ves). Ela ia porta vestes de tenis e un tela cuasi violeta sur la testa. Como lo va es la recorda de acel telas cuando Faustine va debe parti!

Faustine cruzó hacia las rocas. Es ya molesto cómo quiero a esta mujer (y ridículo: no hemos hablado ni una vez). Estaba con un traje de tenis y un pañuelo, casi violeta, en la cabeza. Lo que será recordar esos pañuelos cuando Faustine se hay a ido.

Me ia desira aida per porta a ela sua bolsa o sua covreleto. Me ia segue ela distante; me ia vide ce ela pone sua bolsa sur un roca, estende la covreleto; ela ia resta sin move regardante la mar o la sera, donante a los sua calmia.

Tenía ganas de ofrecerme para llevarle el bolso o la manta. La seguía de lejos; la vi dejar el bolso en una roca, estirar la manta; quedarse inmóvil contemplando el mar o la tarde, imponiéndoles su calma.

La caso ultima de atenta un bon fortuna con Faustine ia es vadente a via. Me ia ta pote ajena me, confesa mea pasion, mea vive. Me no ia fa. Lo no ia pare a me destrosa. Lo es serta ce la femes reseta natural cualce selebra. Ma lo ia es plu bon ce me lasa la situa aveni sola. Lo es suspetable si un nonconoseda nara sua vive a nos, spontan disente ce el ia es prendeda, condenada a la prison tra la vive e ce nos es sua razona de esiste. On teme ce tota esta es sola un estorse per vende un lapis con la enscrive Bolivar, 1783-1830, o un botela con un barco de vela a en. Un otra sistem ta es ce me parla regardante la mar, como un loco contemplante intensa e naive: comenta la du soles, nosa gusta per la reposas de sol; espeta pico sua demandas; declara a ela en cualce modo ce me es un scrivor, ce de sempre me ia vole en un isola solitar; confesa la irita ce me ia ave a la ariva de sua acompaniores; nara a ela mea restrinje a la parte inondable de la isola (esta ta permete esplicas dulse sur la teras basa e sua nonsanias) e tal ariva a mea declara: aora me teme ce los vade a via, e ce un noti veni sin la joia abitual de vide ela.

Se iba la última ocasión de tener suerte con Faustine. Podría arrodillarme, confesarle mi pasión, mi vida. No lo hice. No me pareció hábil. Es cierto que las mujeres acogen naturalmente cualquier homenaje. Pero más valía dejar que la situación se aclarara sola. Resulta sospechoso un desconocido que nos cuenta su vida, nos dice espontáneamente que ha estado preso, condenado a prisión perpetua y que somos su razón de existir. Uno teme que todo sea un chantaje para vender una lapicera labrada con Bolívar - 1783-1830, o una botella con un velero adentro. Otro sistema sería hablarle mirando el mar, como un loco muy contemplativo y sencillo: comentar los dos soles, nuestra afición a los ponientes; esperar un poco sus preguntas; referirle, de todos modos, que yo soy un escritor, que siempre he querido vivir en una isla solitaria; confesar la irritación que tuve a la llegada de su gente; contarle mi confinamiento a la parte inundable de la isla (esto permitiría amenas explicaciones de los bajos y sus calamidades) y así llegar a la declaración: ahora temo que se vayan, que venga un crepúsculo sin la dulzura, y a habitual, de verla.

Ela ia leva. Me ia deveni vera nervosa (como si Faustine ia oia mea pensadas, como si me ia ofende ela). Ela ia vade a xerca un libro cual ela ia lasa, partal protendente de un bolsa, sur la otra roca, a alga sinco metres. Ela ia reveni per senta. Ela ia abri la libro, ia pone un mano sur un paje e ia resta tal como adormida, regardante la tarda.

Se levantó. Me puse nerviosísimo (como si Faustine hubiera oído lo que yo estaba pensando, como si la hubiera ofendido). Fue a buscar un libro que había dejado, medio salido de un bolso, en otra roca, a unos cinco metros. Volvió a sentarse. Abrió el libro, posó la mano en una hoja y quedó como adormecida, mirando la tarde.

Cuando la sol la plu debil ia reposa se, Faustine ia leva denova. Me ia segue ela… me ia core, me ia cade sur mea jenos e me ia dise, cuasi criante:

Cuando se entró el más débil de los soles, Faustine se levantó de nuevo. La seguí… corrí, me tiré de rodillas y le dije, casi gritando:

« Faustine, me ama tu. »

—Faustine, la quiero.

Me ia fa esta car me ia pensa ce, cisa, la cosa la plu conveninte es profita de la inspira e lasa apare sua sinseria. Me no va sabe la resulta. Alga pasos, un ombra spesa ia fa ce me ia fuji. Me ia asconde a retro de un palma. La respira vera alterada, cuasi no ia permete ce me oia.

Hice esto porque pensé que, tal vez, lo más conveniente fuera sacar partido de la inspiración, dejarla imponer su notable sinceridad. Ignoro el resultado. Me ahuy entaron unos pasos, una sombra densa. Me escondí atrás de una palmera. La respiración, alteradísima, casi no me dejaba oír.

Morel ia dise a ela ce elo nesesa parla a ela. Faustine ia responde:

Morel le decía que necesitaba hablarle. Faustine contestó:

« Bon. Ta ce nos vade a la museo. » (Me ia oia esta clar.)

—Bueno, vamos al museo. (Oí esto claramente).

On ia ave alga discutes. Morel ia protesta:

Hubo algunas discusiones. Morel se oponía:

« Me vole profita de esta caso… estra la museo e estra la regardas de nosa amis. »

—Quiero aprovechar esta ocasión… fuera del museo y de las miradas de nuestros amigos.

Me ia oia ance: averti tu; tu es un fem noncomun; controla la nervos.

Le oí también: ponerte sobre aviso; eres una mujer distinta; dominio de los nervios.

Me pote afirma ce Faustine ia refusa resta ostinosa. Morel ia insiste:

Puedo afirmar que Faustine se negó obstinadamente a quedarse. Morel transó:

« A esta note, cuando totas va vade a via, fa a me la favore de resta. »

—Esta noche, cuando todos se vayan, hazme el favor de quedarte.

Los ia pasea entre la palmas e la museo. Morel ia es parlante e jestinte multe. En alga de sua moves, elo ia prende la braso de Faustine. A pos, los ia pasea silente.

Estuvieron caminando entre las palmeras y el museo. Morel hablaba mucho y hacía ademanes. En uno de esos movimientos, tomó el brazo de Faustine. Después caminaron en silencio.

Cuando me ia vide los entrante en la museo, me ia pensa ce me ia debe prepara alga comeda per sta bon tra tota la note e per pote vijila.

Cuando los vi entrar en el museo, pensé que debía prepararme alguna comida para estar bien toda la noche y poder vigilar.

☛ “Te per du” e “Valensia”…

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Lo ia es automatada jenerada de la paje corespondente en la Vici de Elefen a 19 janero 2022 (18:21 UTC).